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Mostrando entradas de julio, 2011

Un negocio familiar

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Llevo semanas escuchando un grandísimo disco: Alela Diane & Wild Divine. No me canso de escucharlo.



Así como descripción de estilo podríamos decir que es un disco de folk-rock o americana, si me apuras.



Alela Diane es una folkie de Nevada que ha sacado varios discos de folk clásico, baladas preciosas, acústica agradable, letras con profundo sentido, y reverencia por la tradición folk.



Su anterior disco ya dejaba entrever que quería progresar y no quedarse en "chica-que-canta-con-guitarra", y con banda propuso To be still.



Pero ahora ha formado una banda estable y lo ha hecho con su marido y con su padre. A mí esto me ha encadilado ya para toda la vida, y aunque cantara habaneras, me seguiría pareciendo genial. Es divertidísimo verles en directo, en el momento de presentar a la banda, Alela dice "a la guitarra mi marido Tom Bevitori", "a la guitarra solista mi papá, Tom"



La gracia está en que sobre todo es un discazo.



Una mirada integral hacia la raíz d…

La casa de uno

Uno se encuentra en Italia como en casa, porque Italia es la casa de uno, sean cuales sean sus orígenes o su radicación.

La frase es de Félix Luna, y me retrato en ella

Ese día me acordé de los que no estaban allí

Hace un año que la selección ganó el mundial. Algo impensable para mí desde que tuve uso de razón y desde que tuve conciencia de lo divertido que es el fútbol allá en la calle del barrio con más madrileños del mundo, Carabanchel.

Responde Garci en un artículo en ABC a las sensaciones que tuve ese día, esa "Noche de Reyes", en la que inevitablemente me acordé "de los que me hicieron amar el fútbol y ya no estaban allí".

Y descubro que es una sensación compartida, como demostró Vázquez Sallés en un excelente artículo sobre su padre y la final de la copa de Europa del Barça. Garci tiene esa especial forma de disfrutar de la vida, y además, contarlo bien. Y tiene un final de aplauso



Recuerdos de futuro. José Luis Garci
Cuando Andrés Iniesta marcó agonizando la prórroga, y mientras el tornado del gol conmocionaba mi barrio y entraba por el ventanal abierto del salón, de repente me acordé, aquella Noche de Reyes, de todos los que me hicieron amar el fútbol y que ya no estaba…