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Mostrando entradas de marzo, 2012

¡Tiene que haber algo más!

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"Adios al cine, las fiestas (yo siempre creo que dice "las siestas"), la cenas románticas... pero hay momentos que lo cambian todo", dice un anuncio de una clásica colonia para bebés. (Por cierto, hay versión masculina, en la que el chorbo, llega a casa después de trabajar y echa de menos el partido con los amigos, los conciertos y los planes improvisados. Yo personalmente me siento identificado con los dos).

En ese momento, te has girado, y con una sonrisa capaz derretir un imperio, has dicho "¿sólo por eso? No ¡tiene que haber algo más!"
A mí me sonó a toque de carga del general más carismático de la historia.
Chica, yo contigo me voy al fin del mundo.

La fusta de la desgracia

Me acaban de recordar un extracto de Zweig en la biografía de María Antonieta


Sin la irrupción de la Revolución, sin la prueba a la que fue sometida, nunca ella misma, Maria Antonieta, reina de Francia, habría sido y experimentado quién fue. Porque forma parte de la suerte o la desdicha del hombre medio no sentir por sí mismo necesidad alguna de medirse, no sentir la curiosidad de hacerse preguntas acerca de sí mismo, antes de que el destino se las haga: deja dormir sus posibilidades dentro de sí sin emplearlas, deja atrofiarse sus verdaderas dotes, ablandarse sus fuerzas como músculos que jamás se ponen a prueba hasta que la necesidad los tensa para una verdadera defensa. Un carácter mediocre tiene que ser sacado de sí mismo para ser todo lo que podría ser, y quizá más de lo que él mismo sospechaba y sabía; para eso, el destino no tiene otra fusta que la desgracia

Ofréceme la Torre Eiffel ¿de qué me valdría?

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Concierto "para llevar" de los franceses Zaz.
Qué maravilla de voz, capaz de derribar a cualquiera

Preludio de primavera

La calle de Martín Fierro se llenó de repente de una leve brisa que arrastró un buen manojo de briznas blancas.

Una pareja caminaba por la acera sonriente, envuelta en el simulacro de suave nevada.

Claro! Me dije. Ya llega la primavera. El polen, la nueva vida, las semillitas, las sonrisas. El cambio climático tiene sus ventajas.

Semáforo verde. Estas pequeñas escenas amenizan las esperas en el coche.





Unos metros más adelante, una paloma yacía abatida en medio del asfalto. Mientras, su plumaje se perdía por el viento, cada vez más enérgico, simulando al pollero de mi barrio (n. del a.: que se llama Paco).

Un claxon era lo que faltaba, pero el conductor del siguiente coche me ahorró el lugar común.