lunes, 3 de octubre de 2011

Oh mia patria, si bella e perduta

El pasado mes de marzo, dentro de la celebración del aniversario de la creación de Italia, se representó en Roma Nabucco de Verdi, dirigida por el maestro Muti.

Previo a la representación el alcalde de Roma tomó la palabra para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes presupuestarios en cultura. Berlusconi asistía estupefacto.

Con este prólogo se desarrolló la representación, hasta que llegó el momento del canto "Va pensiero", el canto del coro de esclavos oprimidos, que en Italia es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo). El público participó con fervor y tensión. Al final las ovaciones se mezclaron con vivas a Italia y con peticiones de bises, algo que el director sólo ha aceptado una vez en su carrera.

El director en ese momento toma la palabra:
"Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo" En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó: "Larga vida a Italia!". Muti dijo entonces: "Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero". No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida". Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"

El momento es especialmente emocionante. Y aquí lo podemos ver



Gracias a Miguel Aranguren que me descubrió esta fascinante historia llena de matices: por un lado la cultura como rasgo definitorio de la identidad y soberanía de un país, pero por otro lado, algo que quizá se pueda achacar a este bello momento: la utilización ideológica de un espectáculo cultural.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La profundidad de los sexos

No puedo aguantarme a compartir esta cita de Frabrice Hadjadj en La profundidad de los sexos. Por una mística de la carne (Nuevo Inicio):


Encontrar a Dios yéndose a un monasterio es una cosa bastante trivial. Pero encontrar a Dios yéndose con tu propia mujer, con Micheline, precisamente la misma que acaba de echarte a perder el filete de ternera, eso sigue siendo algo inexplicable

Prometo una comentario largo sobre este provocador, divertido, apasionante libro.

miércoles, 27 de julio de 2011

Un negocio familiar




Llevo semanas escuchando un grandísimo disco: Alela Diane & Wild Divine. No me canso de escucharlo.




Así como descripción de estilo podríamos decir que es un disco de folk-rock o americana, si me apuras.




Alela Diane es una folkie de Nevada que ha sacado varios discos de folk clásico, baladas preciosas, acústica agradable, letras con profundo sentido, y reverencia por la tradición folk.




Su anterior disco ya dejaba entrever que quería progresar y no quedarse en "chica-que-canta-con-guitarra", y con banda propuso To be still.




Pero ahora ha formado una banda estable y lo ha hecho con su marido y con su padre. A mí esto me ha encadilado ya para toda la vida, y aunque cantara habaneras, me seguiría pareciendo genial. Es divertidísimo verles en directo, en el momento de presentar a la banda, Alela dice "a la guitarra mi marido Tom Bevitori", "a la guitarra solista mi papá, Tom"




La gracia está en que sobre todo es un discazo.




Una mirada integral hacia la raíz de uno, pero no siendo inmovilista, poniendo la vista en la copa del árbol.




El disco está plagado de canciones-himno, medios tiempos para alegrar la vida, y letras narrativas que esconden un largo trabajo. Un largo trabajo tras un año de matrimonio, en el que las canciones han ido surgiendo, como ella misma cuenta, "mientras hacíamos las tareas del hogar".


Me parece delicioso. ¿Te imaginas? Mientras uno va haciendo la tortilla y otro pone la mesa...










miércoles, 20 de julio de 2011

La casa de uno

Uno se encuentra en Italia como en casa, porque Italia es la casa de uno, sean cuales sean sus orígenes o su radicación.

La frase es de Félix Luna, y me retrato en ella

martes, 12 de julio de 2011

Ese día me acordé de los que no estaban allí

Hace un año que la selección ganó el mundial. Algo impensable para mí desde que tuve uso de razón y desde que tuve conciencia de lo divertido que es el fútbol allá en la calle del barrio con más madrileños del mundo, Carabanchel.


Responde Garci en un artículo en ABC a las sensaciones que tuve ese día, esa "Noche de Reyes", en la que inevitablemente me acordé "de los que me hicieron amar el fútbol y ya no estaban allí".


Y descubro que es una sensación compartida, como demostró Vázquez Sallés en un excelente artículo sobre su padre y la final de la copa de Europa del Barça.
Garci tiene esa especial forma de disfrutar de la vida, y además, contarlo bien. Y tiene un final de aplauso



Recuerdos de futuro. José Luis Garci
Cuando Andrés Iniesta marcó agonizando la prórroga, y mientras el tornado del gol conmocionaba mi barrio y entraba por el ventanal abierto del salón, de repente me acordé, aquella Noche de Reyes, de todos los que me hicieron amar el fútbol y que ya no estaban aquí. Durante la repetición televisiva del derechazo de Iniesta, reviví los libros de Pedro Escartín —mi favorito, «Lo del Brasil fue así»—, y las crónicas de Lorenzo López Sancho, Jaime Campmany y Antonio Valencia —especialmente, las que recogió en «Sucedió en Suiza»—; los artículos de «Gilera» y «Cronos»; los apasionados textos de Manolo Sarmiento Birba y «Belarmo» , los reposados renglones de Rafael Marichalar, «Rienzi» y «Fielpeña»; las narraciones a pie de campo, micrófono en mano, sentado en una silla de tijera, a un metro escaso de la línea de cal de la banda, del gran Matías Prats («… Luisito Suárez avanza desde la posición teórica del medio volante izquierdo…»); los estimulantes comentarios radiofónicos de Rafael Barbosa y «Quilates», de «Doña Merenguitos» y «Don Tremebundo»…

Y un minuto antes del pitido final, me acordé de Luis Aragonés, el primero que
optó por la excelencia sobre la fisicidad, la calidad por delante de la envergadura, la clase antes que la estatura; y luego miré a Del Bosque, en pie junto al banquillo, más personaje fordiano que nunca, el hombre tranquilo, responsable de haber instalado definitivamente el sosiego en nuestra Selección. El sosiego, la serenidad, un estilo, por fin, que nos ha llegado vía nada menos que de Cervantes y Velázquez. Ambos, Aragonés y Del Bosque, ya termina el partido, tienen el mérito de haber preferido el fútbol romántico al profano, una idea tan renovadora como, en su tiempo, fueron la W-M o el 4-2-4.

También me acordé de mi padre, de su mano fuerte y suave, que siempre olía a Floyd, la que me llevaba de niño a Chamartín y al Metropolitano, a Vallecas y el campo del Plus Ultra, allá en Arturo Soria. Mi padre, al que jamás vi chillar a ningún jugador, insultar a ningún árbitro; mi padre, que apenas gritaba al anotar Cholo Dindurra o cuando Quini cabeceaba a la red; sonreía, eso sí. Mi padre, que admiraba a Eduardo Teus y a Melcón.



Pero lo más curioso de aquella noche de los gigantes, la noche más hermosa, vino cuando Casillas recibía la Copa y yo apuraba mi dry martini. De improviso, una flecha
de nostalgia me atravesó el corazón al recordar otro domingo de verano, de 2014,
en Río de Janeiro, cuando España ganó su segundo Mundial y nuestros jugadores,
casi los mismos de Johannesburgo, saltaban y se abrazaban, como ahora, aunque
esta vez sobre la sagrada yerba de Maracaná.

viernes, 13 de mayo de 2011

viernes, 29 de abril de 2011

...para, tan solo verle, intuir que le quiero más de lo que me quiero a mi

El grupo Manel tiene verdaderos regalos escondidos en sus letras

Manel, La cançó del soldadet



Escuchad la canción del soldadito
que a través de un ojo de buey
ve que vuelan unos vencejos!
Y no es que sea un experto, el soldadito,
pero, que vuelen los vencejos,
querrá decir que la tierra está cerca.
Y tan cerca debe de estar que baja el capitán
e intenta no parecer nervioso
mientras termina la instrucción:
“Concentraos, soldaditos, sed prudentes
y agarraos a la vida
con las uñas y los dientes”.
Ya en cubierta, los hombres rezan.
Ya en cubierta, los hombres rezan.
Y suelta un amén poco convencido, el soldadito,
y acaricia su fusil,
intentando no pensar en nada.
Desde proa van creciendo las colinas,
“soldadito, valor, valor,
que depende de gente como tú la suerte del mundo”.
Pero “si una bala enemiga cruza el viento
y me traspasa el cerebro”,
se plantea el soldadito,
“las olas me arrastrarán
y mil peces de colores
lucharán para devorar mi carne”.
Y es cuando piensa “yo me escondo;
cuando no miren, yo me escondo”.
Pero siempre miran, y el barco está parando,
las compuertas se han abierto
y, en un segundo, se inunda el mar
de soldados disparando al infinito
con un soldadito en medio,
que carga mientras insulta al enemigo.
Y entre bomba y bomba todo le va bastante bien
hasta que una cae justo al lado.
Primero se dice “suerte, de qué te ha ido…”,
pero después siente en la espalda un dolor extraño
y al tocársela le queda todo el brazo manchado de sangre.
Gira la cabeza a ambos lados.
Se sienta en la arena y descansa.
Y mientras llega el maldito médico, el soldadito
se tranquiliza repitiendo
que hará, a dónde irá, si sobrevive:
“Iré a mi madre bien vestido
y, antes que nada, tendré que decirle
que me perdone por tratarla siempre así;
iré a Margarita a hacerle un hijo
para, tan solo verle, intuir
que le quiero más de lo que me quiero a mi”.
.

miércoles, 27 de abril de 2011

El milagro de una novedad

Magistral artículo de Javier Alonso Sandoica (en el imprescindible portal El guijarro blanco) sobre Roberto Bolaño (Bolaño el último maldito)
Pone palabras a cuestiones que he intuido sobre el chileno y no sabía como expresar




Internet ha convertido la televisión en un selfservice de 24 horas, te sirves cuando quieres y, siempre que te cuides, cuanto quieres. Lo digo como ventaja magnífica de la modernidad. Si no viste aquel documental de La 2 sobre la vida diurna del murciélago, pues te vas a la página oficial de Televisión Española y te lo repones a medianoche. Me pasó hace poco con un reportaje muy bien hecho de la vida de Roberto Bolaño, que lo vi cuando quise. Sí, el gran Bolaño, el escritor que pasó de una intemperie anónima a la celebridad cuando Herralde sacó sus novelas a la luz. El documental se llama “Roberto Bolaño, el último maldito“. Por allí aparece un Vargas Llosa antes de ganar el Nobel regalando su opinión sobre el escritor chileno, soltando piropos como si hablara de su mujer.


Pero no son muchos conocidos o petulantes los que hablan de su persona en el documental, no hay críticos, ni tampoco están los entusiastas. Desfilan la dueña del bar de Blanes, al que iba a tomarse unos churros, y también los vecinos. Todos ellos gente modesta sin mucho qué decir, de ahí la maravilla. Mi relación con Bolaño ha sido siempre de interés creciente. Me marcó “2666“, la novela que Jorge Herralde publicó al año siguiente de su muerte por insuficiencia hepática. Pero la dejé sin terminar. En sus 1117 paginas homenajea a las mujeres que mueren vejadas en Ciudad Juarez, y lo hace con tanto detalle que no pude soportarlo.


Bolaño pensó en sus hijos antes de morir. Quería que “2666” apareciera no de una vez, sino por entregas, para que los beneficios llegaran en porciones calculadas. Tengo sus cuentos y novelas subrayados y glosados con mis desacuerdos, flechas de admiración, hay de todo. Bolaño no creía que la vida tuviera un destino de alegría, y eso siempre me ha dado mucha pena, como un amigo que se pierde una buena película porque se emperra en no dejarse aconsejar, porque no se fía. Definía la vida como una derrota de la que había que salir como un héroe o un valiente. Si esto te lo dice Woody Allen en una película te ríes, algo parecido aparece en el arranque de “La última noche de Boris Grushenko“: todos los hombres moriremos por un delito que no hemos cometido. Pero si es producto de una convicción, entristece. Yo entiendo la vida como el material de Ikea que sueltas en el salón de casa, de las piezas sueltas nace el milagro de una novedad. Bolaño ordenaba las tablas, lo hacía como nadie, pero no vio el armario.

martes, 26 de abril de 2011

Como una canción que no puedo cantar ni dejar de oír

La frase es de Jakson Browne, y es una acertada descripción de la muerte de alguien querido


No sé lo que pasa cuando uno muere, es como una canción en mi cabeza que no puedo cantar ni dejar de oír

miércoles, 6 de abril de 2011

Tan frágil y vil en todo

Un amigo me envía este poema de Leopardi, tras recordar el terremoto de Japón, y ante la imposibilidad de encontrar palabras de consuelo o explicación Naturaleza humana, ¿cómo si tan frágil y vil en todo, si polvo y sombra eres, tan alto sientes? (Giacomo Leopardi, Sobre el retrato de una bella mujer esculpido en el monumento sepulcral de la misma)

Por qué Ayaan Hirsi Ali se ha convertido

 Artículo de Carl Trueman publicado en El Debate (Traducción de Pablo Velasco) Ayaan Hirsi Ali, ex musulmana y ahora ex atea, ha declarado r...