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martes, 2 de marzo de 2010

Me caí del mundo y no sé por donde se entra

Me llega por e-mail este nostálgio artículo

Aclaración del Blog: recibí este artículo donde se atribuye la autoría a Eduardo Galeano. El Departamento de Comunicación de Crónicas Marcianas y Uruguayas aporta una serie de pruebas fiables que afirman que su autor es Marciano Durán. Así lo hago constar a los efectos oportunos.



Me caí del mundo y no sé por donde se entra. (Para mayores de 30)

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan .
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. .
¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!! Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Sabina está viejo

Por fin un entrevistador que deja hablar al entrevistado. Por fin un entrevistador en tve que no se escucha a sí mismo.
Ayer se emitió una entrevista con Joaquín Sabina en la 1. Se emitió en diferido por cierto, con lamentables cortes para publicidad en medio de una respuesta, cortando sin ton ni son. Para demostrar que lo importante es lo importante.

Este Sabina dice cosas interesante. Superada ya la imagen de crápula, se nota que ha visto de cerca los vertiginosos ojos de la muerte.
Me quedo con una de sus respuestas.
Contaba Sabina historias de su colegio de Salesianos. Los sábados tenían proyección de película de romanos. De hecho este es un verso de uno de sus ciento volando de catorce.
El padre salesiano se encargaba de poner la mano delante del proyector cada vez que había un beso. Recordó con gracia como un compañero suyo de curso superior gritó en el cobijo de la oscuridad: "¡estáis acabando con la afición!"
Acto seguido Sabina, lejos de ahondar el manido asunto de lo reaccionario-de-la-Iglesia, afirmó

- No como ahora, que tenemos porno por todos los lados. Además de la forma más
torpe y sin imaginación.

Ahora echo de menos esa mano que me tapaba el proyector
para no ver esas cosas

martes, 22 de septiembre de 2009

Said Auita, por el exterior



Said Aouita, o Auita (como exige el manual de estilo de El País), era un atleta marroquí de los años 80.

Recuerdo perfectamente la primera vez que le ví, creo que en las olimpiadas de Los Ángeles. Estaba viendo el atletismo con mi tío Manolo, y comenzaba la final de los 1.500 metros (que vienen a ser unas tres vueltas a un estadio).

Mi tío me señala al atleta de Marruecos. Un tipo desgarbado, feo, flaco y bajito.

-Ese va a ganar

- imposible- pensé yo, con ese escepticisimo que se gastan los niños ante las afirmaciones de los mayores, de su referencia, pero que esconden unas ganas enormes de ser sorprendidos.

Al lado de Auita estaban dos yankees gigantes, con musculadas piernas y pinta de ganar. Con esas camisetas en las que se leía bien grande eso de “USA”.

Comienza la carrera.

Said sale el último. Llega el último en la primera vuelta, con bastante distancia. Los americanos primeros, a grandes zancadas.

Segunda vuelta. Said ya va penúltimo. Es momento de hacer bromas y pitorrearme de mi tío. Da un poco de vértigo comprobar los primeros patinazos de los adultos a los que se admira, pero es divertido.

Última vuelta. A Auita no se le ve.

No se le ve porque va adelantando a todos por el exterior. Nótese que por el exterior de la pista se recorre más distancia, por eso en las carreras de fondo todo el pelotón va pegado a la línea interior.

Adelanta, y sigue adelantando. Recta final. Los últimos cien metros son un paseo para Auita que llega primero sacando distancia a los USA.


Me acuerdo mucho de Said Auita. Auténtica metáfora vital.

martes, 14 de julio de 2009

Rumbo a la gloria



¡Qué gran noticia! por fin alguien se ha decidido a publicar en español la autobiografía del "proto-folkie" americano Woody Guthrie. Bravo por La editorial Global Rhythm Press, que tiene un catálogo impresionante por cierto.
Hasta este año debíamos contentarnos con la edición original en inglés, que contaba con el gran obstáculo de contener multitud de términos y frases hechas en jerga muy localista, lo que provocaba innumerables interrupciones de la lectura en busca de un diccionario y en busca de una interpretación contextual, a veces sin éxito. Ahora nos llega con la muy lograda traducción de Ezequiel Martínez.
Son las memorias de la primera figura de la era moderna del folklore americano. Guthrie es el catalizador del blues, el gospel y el work song, junto con las baladas británicas y el sonido Nashville. La coctelera del folk norteamericano.
Es Guthrie un punto de referencia para una innumerable lista de gigantes de la música popular, empezando fundamentalmente por Bob Dylan (“mi vida cambió el día en que me pusieron un disco de Woody”), Simon & Garfunkel, los Byrds, Joni Mitchell o Leonadr Cohen, o más actuales como The Jayhawks, Lucinda Williams o Ryan Adams.
Rumbo a la gloria nos relata la época de la Gran Depresión del inicio de los años treinta y del éxodo desde la devastada por la sequía Oklahoma hasta la “tierra prometida” en California, donde decían uno podía hartarse de comer fruta fresca, pero donde desgraciadamente todo el que llegaba quedaba decepcionado al ver como la policía detenía a todos los inmigrantes en una especie de puesto de fronteras interno donde se comprobaban las identidades y se enviaban a los que no tenían un puesto de trabajo asegurado y garantizado por contrato a los “jungle-camps”, una suerte de campos de refugiados en las afueras de Los Ángeles y San Diego. La misma aventura relatada tan magistralmente por Steinbeck en Las uvas de la ira.
En esa travesía de caminos polvorientos, autostop y vagones de carga compartidos con otros oakies y vagabundos, Guthrie iba asumiendo las voces de la América profunda. Toda esa experiencia de fracasos, ilusiones, decepciones,...
El legado de Guthrie es sin duda expresión de la manera de sentir y de vivir de esa nación. Ya en los años 40, Alan Lomax, musicólogo e infatigable recopilador del folklore, invitó a Guthrie a Washington para grabar sus canciones con destino a los archivos de la Librería del Congreso. Según muchos entendidos, nunca había tocado y cantado con tanto brío como ese día.
En palabras de un periodista del New York Times:
“algún día la gente advertirá que Woody Guthrie y las diez mil canciones
que desprenden de las cuerdas de su guitarra pertenecen al patrimonio nacional
tanto como Yellowstone o Yosemite, que forman parte de lo mejor que este país
puede ofrecer al mundo”

viernes, 3 de julio de 2009

Por qué me ha gustado Antes del invierno de Carlos Pujol


En Antes del invierno, Carlos Pujol ha construido el ambiente ingenuo, tierno, y tragicómico que nos recuerda al mejor cine de Bardem, Berlanga o Jerónimo Mihura. A la España de postguerra recuperandose, pero siempre genuina. Donde los personajes se enfrentan a la realidad de un país en reconstrucción, con una visión nostálgica y a la vez optimista.
Tiene su protagonista un interés especial. Un hombre que huye de la Guerra Civil con su mujer a Londres, pensando que han perdido a su hijo y dándole por muerto. Un hombre al que abandona su mujer meses después por un inglés (lo de pérfida albión es por algo). Un hombre que vivió una relación frustrada posterior con otra mujer. Un hombre, en la última etapa de su vida, que vuelve a España, se reencuentra con su hijo, que de primeras no tiene muchas ganas de reiniciar la relación paterno filial.
Ante este panorama, Don Emilio (que así se llama el personaje) no tiene muchas expectativas, apenas esperar la muerte. Pienso que la razón se debe a que cuando llega a España tiene puesta su razón de ser en sí mismo, y se frustra constantemente, se culpa de los errores cometidos, y arrastra el pasado al que está encadenado. Pero estamos ante una especie de novela de formación, de desarrollo. Y el cambio se produce cuando es consciente de que su razón de ser está en los demás. Cuando se reactiva su relación con su hijo, cuando este le busca y le necesita (aunque sea para algo tan sencillo como para que conozca a su novia y para que sepa un poco de su vida cotidiana), es el momento en que cae en la cuenta de que somos seres con otros para los demás. Es el momento en el que florecen las expectativas, las ilusiones...

martes, 23 de junio de 2009

Un dolor de coj...


Atención: sucedido totalmente "verídico"
Estaba este menda haciendo turno de voluntario de noche en la casa de las Hermanas de la Caridad, cerca del Manzanares.
JR era uno de los inquilinos, que, después de ser deshauciado en los hospitales, fue acogido en la casa para esperar a la muerte.
Según contaba había tenido una vida apasionante. Actor de cine, protagonista de la movida, atracador de bancos recortada en mano,... un dechado de virtudes.
En un momento, se nos quedó mirando a los ojos (estaba acompañado, gracias Dios), y exclamó "tengo un dolor de cojones".
Como un sólo hombre, le respondimos: "vaya, ¿y qué es lo que te duele tanto?".
Nos devolvió la mirada, que se debía parecer bastante a la que se gastaría en los años aquellos de la recortada:
"pues qué me va a doler, pues los cojones, los huevos...!" (no reproduzco la exhibición de sinónimos en lengua castellana que hizo para no seguir hiriendo la sensibilidad del lector)



Hace poco Rocío me recordaba unas palabras de un sacerdote que quisiera haber oído en esa época: "en los voluntariados uno va a buscar a Dios, a buscar al hombre y a buscarse a uno mismo. No somos nadie para dar nada. La misma humanidad que nos encontramos en ese momento, es igual a la que nos encontramos a diario".

Por qué Ayaan Hirsi Ali se ha convertido

 Artículo de Carl Trueman publicado en El Debate (Traducción de Pablo Velasco) Ayaan Hirsi Ali, ex musulmana y ahora ex atea, ha declarado r...