sábado, 30 de octubre de 2010
Oración de la maestra
Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el
nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.
Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la
belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto.
Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la
mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren.
No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de los
que enseñe.Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender
como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance
a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella
clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labiosno canten más.
Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie
a la batalla de cada día y de cada hora por él.Pon en mi escuela democrática
el resplandor que se cernía sobre
tu corro de niños descalzos.Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento
de mujer, y de mujer pobre;
hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda
presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.
martes, 19 de octubre de 2010
Misa de Requiem de Verdi: "el anhelo hacia Dios está inscrito en el corazón del ser humano"
Venerados hermanos,
ilustres señores y señoras
Al término de una audición tan intensa, el ánimo querría permanecer en recogimiento, pero al mismo tiempo, siente la necesidad de manifestar su reconocimiento.
Deseo dirigir mi cordial agradecimiento al maestro Enoch zu Guttenberg, por las sentidas palabras que me ha dirigido y por haber querido ofrecerme este concierto, junto con la esplçendida Orquesta Die KlangVerwaltung, con la Chorgemeinschaft Neubeuern y con la Familie der Freiherren von und zu Guttenberg. A él, que ha dirigido la ejecución, a los solistas, a cada uno de los miembros de la orquesta y del coro va mi grato aprecio. ¡Gracias de corazón!
Estoy contento de saludar a los señores cardenales, a los prelados, especialmente a los Padres sinodales, las distinguidas Autoridades, y a todos vosotros – entre los cuales, los pobres asistidos por la Cártiras diocesana de Roma – que habéis podido gozar de esta excelente ejecución de la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi. Él la compuso en 1873, por la muerte de Alessandro Manzoni, a quien admiraba y casi veneraba. En una carta se pregunta: “¿Qué podría deciros de Manzoni? ¿Cómo explicaros la sensación dulcísima, indefinible, nueva, producida en mi por la presencia de ese Santo, como vos lo llamáis?". En la mente del gran Compositor, esta obra debía ser el culmen y el momento final de su producción musical; no era solo el homenaje al gran escritor, sino también la respuesta a una exigencia artística, interior y espiritual, que la confrontación con la estatura humana y cristiana de Manzoni había suscitado en él.
Giuseppe Verdi consumió su existencia en escrutar el corazón del hombre; en sus obras sacó a la luz el drama de la condición humana: con la música, las historias representadas, los diversos personajes. Su teatro está lleno de infelices, de perseguidos, de víctimas. En muchas páginas de la Misa de Requiem resuena esta visión trágica de los destinos humanos: aquí tocamos la realidad ineluctable de la muerte y la cuestión fundamental del mundo trascendente, y Verdi, libre de los elementos de la escena, representa, sólo con las palabras de la Liturgia católica y con la música, la gama de los sentimientos humanos ante el final de la vida: la angustia del hombre frente a su frágil naturaleza, el sentido de rebelión ante la muerte, el temor en el umbral de la eternidad. Esta música invita a reflexionar sobre las realidades últimas, con todos los estados de ánimo del corazón humano, en una serie de contrastes de formas, tonos, coloridos, en los que se alternan momentos dramáticos con momentos melódicos, marcados por la esperanza.
Giuseppe Verdi, que en una famosa carta al editor Ricordi, se definía “un poco ateo”, escribe esta Misa, que parece como una gran llamada al Padre Eterno, en el intento de superar el grito de desesperación ante la muerte, para volver a encontrar el anhelo de vida que se convierte en oración triste y silenciosa: "Libera me, Domine". El Requiem verdiano se abre, de hecho, con una frase en La menor, que parece casi descender hacia el silencio – pocos compases de los violonchelos, suavísimo, con sordina – y se concluye con la sumisa invocación al Señor "Libera me". Esta catedral musical se revela como descripción del drama espiritual del hombre ante Dios Omnipotente, del hombre que no puede eludir el eterno interrogante sobre su propia existencia.
Tras la Misa de Requiem, Verdi vivirá una especie de segunda “etapa compositiva", que concluirá nuevamente con musica religiosa, los Pezzi Sacri: un signo de su inquietud espiritual, un signo que el anhelo hacia Dios está inscrito en el corazón del ser humano, para que nuestra esperanza descansa en el Señor. Qui Mariam absolvisti, et latronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti, hemos escuchado: “Tu que perdonaste a María (Magdalena) y escuchaste al buen ladrón, también a mi me diste esperanza". El gran fresco musical de esta noche renueva en nosotros la certeza de las palabras de san Agustín: Inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te - Il nostro cuore è inquieto, finché non riposa in te (Confesiones, I, 1).
Queridos amigos, una vez más debemos agradecer al Señor que nos ha dado un momento de verdadera belleza, capaz de elevar nuestro espíritu. ¡Y al mismo tiempo debemos dar las gracias a quienes se han hecho instrumento de la divina Providencia! Gracias una vez más, por tanto, al profesor Enoch zu Guttenberg, a los solistas, a la orquesta y al coro, y a cuantos de diversas formas han colaborado a la realización de esta hermosa velada. Que el Señor dé a todos su recompensa.
¡Gracias y buena velada!
jueves, 14 de octubre de 2010
Piropeando a Sara Carbonero
lunes, 11 de octubre de 2010
El Papa, el mejor corresponsal
martes, 21 de septiembre de 2010
Libros conspiradores
Paso a los antecedentes de hecho.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
"Los que induzcan a un menor a seguir a los individuos de las profesiones indicadas..."
- Los ascendientes, tutores, maestros o encargados por cualquier título de la guarda de un menor de dieciséis años que le entreguen gratuitamente a individuos que ejerzan las profesiones de acróbatas, gimnastas, funámbulos...
- Los que induzcan a un menor de dieciséis años a abandonar el domiclio de sus ascendientes, tutores o maestros, para seguir a los individuos de las profesiones indicadas
Otra sonrisilla que me arranca este seriote manual de administrativo del siglo XIX. Me pregunto si dentro de cien años, los que lean nuestras leyes culturales también sonreirán de forma condescendiente como yo hoy...
Y ahora que lo pienso, ¿habré hecho bien apuntando a mis niñas a ballet????
martes, 14 de septiembre de 2010
Mozart: Doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en la muerte la clave de nuestra felicidad
* * *
Queridos amigos:
Doy las gracias de corazón a la Orquesta de Padua y del Véneto y al coro "Academia de la voz" de Turín, dirigidos por el maestro Claudio Desderi, y a los cuatro solistas por habernos ofrecido este momento de alegría interior y de reflexión espiritual con una intensa interpretación del Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Junto a ellos, doy las gracias a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, secretario de la Academia Pontificia de las Ciencias, por las palabras que me ha dirigido, así como a las instituciones que han contribuido a la organización de este acontecimiento.
Permitidme, sin embargo, que exprese una vez más el afecto particular que me une, podría decir desde siempre, a este sumo músico. Cada vez que escucho su música no puedo dejar de volver con la memoria a mi iglesia parroquial, donde cuando era un muchacho, en los días de fiesta, resonaba una de sus "misas": en el corazón sentía que me alcanzaba un rayo de la belleza del Cielo , y esta sensación sigo experimentándola también hoy cada vez, escuchando esta gran meditación, dramática y serena, sobre la muerte. En Mozart, todo está en perfecta armonía, cada nota, cada frase musical; es así y no podría ser de otra manera; incluso los opuestos quedan reconciliados es la mozart'sche Heiterkeit, la "serenidad mozartiana" todo lo envuelve, en cada momento. Es un don de la Gracia de Dios, pero es también el fruto de la fe viva de Mozart que, especialmente en la música sacra, logra reflejar la respuesta luminosa del Amor divino, que da esperanza, incluso cuando la vida humana es lacerada por el sufrimiento y la muerte.
En su última carta escrita al padre moribundo, fechada el 4 de abril de 1787, escribe hablando precisamente de la etapa final de la vida sobre la tierra: "...¡desde hace algún año he alcanzado tanta familiaridad con esta amiga sincera y sumamente querida del hombre, [la muerte], que su imagen ya no sólo no tiene nada de aterrador, sino que me parece incluso muy tranquilizante y consoladora! Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en ella la clave de nuestra felicidad. No me acuesto nunca sin pensar que al día siguiente quizá ya no estaré. Y sin embargo nadie que me conozca podrá decir que en compañía yo sea triste o de mal humor. Y por esta suerte doy las gracias cada día a mi Creador y lo deseo de todo corazón a cada uno de mis semejantes".
Este escrito manifiesta una fe profunda y sencilla, que aparece también en la gran oración del Réquiem, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente las vicisitudes de la vida terrena como dones de Dios y a elevarnos por encima de ellas, contemplando serenamente la muerte como una "llave" para atravesar la puerta hacia la felicidad.
El Réquiem de Mozart es una elevada expresión de fe, que reconoce el carácter trágico de la existencia humana y que no oculta sus aspectos dramáticos, y por este motivo es una expresión de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del hombre está iluminada por el amor de Dios. Gracias una vez más a todos.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Por unos delfines en el Guadalquivir
Otro acontecimiento, también importante de mi vida es anterior a mi nacimiento. Y fue que unos delfines, equivocando su camino y a favor de marea, se habían adentrado en el Guadalquivir, llegando hasta Sevilla. De toda la ciudad acudió mucha gente, atraída por el insólito espectáculo, a la orilla del río, damitas y galanes, entre ellos los que fueron mis padres, que allí se vieron por vez primera. Fue una tarde de sol, que yo he creído o he soñado recordar alguna vez
Heurêkamen!
viernes, 10 de septiembre de 2010
Woody Allen, ¡qué decepción!

viernes, 3 de septiembre de 2010
¿Qué suena mejor, el vinilo, el cd o el mp3?
Prueba de ello han sido la auténtica explosión de los últimos avances, en los que se ha producido una paradoja. Mientras se camina hacia una mayor calidad de imagen (la alta definición o las películas en 3D), no ha sucedido lo mismo respecto de la música. Más bien se ha dado un paso hacia atrás.
Menos espacio ¿menor calidad?
El formato Mp3 comprime el tamaño del archivo, eliminando parte del sonido y así consigue reducir los tiempos de descarga y la posibilidad de almacenar en el mismo espacio un mayor número de canciones. Sería una complicación para iTunes Store (por poner un ejemplo de descarga legal) que la obtención de una canción supusiera al comprador una hora de descarga su alta calidad de sonido.Hace unos diez años se presentaron en el mercado formatos que prometían una alta calidad del sonido como los DVD Audio o los Super Audio CD. Pero después de una incursión potente, se han ido desinflando.
Propuestas por un mejor sonido digital
El año pasado iTunes marcó un estándar de calidad para sus canciones de 256kilobits por segundo, de los acostumbrados 128 kilobits anteriores, y preservando así más detalles.
Hay otras propuestas que han apostado por un sonido digital, pero de calidad. Como por ejemplo Mog, un servicio de música en streaming (no es necesario descargar el archivo, sino que se puede oír online) que fue anunciado en marzo y que podrá utilizarse mediante una aplicación en los llamados smartphones, previo pago de una tarifa que ronda los 10 dólares mensuales y prometiendo una descarga de 320 kilobits por segundo. O por ejemplo el portal HDtracks.com que ofrece descargas con más información que un cd, pero costando dos dolares y medio por canción. Eso sí, con un catálogo restringido a música clásica y jazz.
El negocio musical ha sido víctima de su propio éxito: se prefiere la portabilidad de los archivos a la fidelidad de los soportes analógicos. Los datos así lo revelan. El gasto medio en reproductores digitales portátiles multiplica por cinco el gasto en equipos de audio convencionales.
Escuchar música ha pasado de ser una actividad en sí misma, a convertirse en un fondo sobre el que se hace otra cosa distinta, como hacer footing, conducir, cocinar…
Trivializar la cultura
Pero esas facilidades de los formatos digitales pueden tener un reverso negativo: trivializar la cultura, convertir a la música en un mero objeto de consumo. Optar por la fácil portabilidad en contra de la calidad de sonido es la elección por el “tener”, en vez del “ser”.
Juan Pablo II lo sintetizó de forma magistral: “Todo el tener del hombre no es relevante para la cultura, sino en la medida, en que el hombre por medio de su tener puede al mismo tiempo ser más plenamente como hombre, llegar a ser más plenamente hombre en todas las dimensiones de su existir, en todo lo que caracteriza su humanidad”.
viernes, 30 de julio de 2010
Relato Dylaniano
«Bob Dylan iba caminando por la calle, y escuchó a un grupo de jóvenes tocando “Knockin’ on Heaven’s Door” en un jardín, y se asomó, y escuchó una melodía que le gustaba aunque ya no sabía muy bien de qué le sonaba, y entonces oyó a alguien quegritaba: “¡Eh, tú, largo de aquí!”, y Dylan, obediente, se fue y continuó su camino, tarareando la melodía que acababa de oír y que no lograba identificar, mientras pensaba que le hubiera encantado escribir aquella canción».
Por qué Ayaan Hirsi Ali se ha convertido
Artículo de Carl Trueman publicado en El Debate (Traducción de Pablo Velasco) Ayaan Hirsi Ali, ex musulmana y ahora ex atea, ha declarado r...
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Me acaban de recordar un extracto de Zweig en la biografía de María Antonieta Sin la irrupción de la Revolución, sin la prueba a la que fue ...
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