sábado, 15 de agosto de 2020

How to be a poet (Wendell Berry)

 A Wendell Berry llegué gracias a un comentario en una comida de profesores de mi universidad con el obispo de Granada, don Javier Martínez. Allí nos contó que en un viaje a Estados Unidos había conocido a este tipo, su recorrido vital y las obras que pensaba editar en España. 

Hace poco me llegó este poema con este título tan sugerente:

HOW TO BE A POET

(to remind myself)

Make a place to sit down.

Sit down. Be quiet.

You must depend upon

affection, reading, knowledge,

skill — more of each

than you have — inspiration,

work, growing older, patience,

for patience joins time

to eternity. Any readers

who like your poems,

doubt their judgment.

Breathe with unconditional breath

the unconditioned air.

Shun electric wire.

Communicate slowly. Live

a three-dimensioned life;

stay away from screens.

Stay away from anything

that obscures the place it is in.

There are no unsacred places;

there are only sacred places

and desecrated places.

Accept what comes from silence.

Make the best you can of it.

Of the little words that come

out of the silence, like prayers

prayed back to the one who prays,

make a poem that does not disturb

the silence from which it came.

Me gusta especialmente el subtítulo, como recordatorio de aquello de que solo lo que nos decimos a nosotros mismos, nos cala de verdad. Dar consejos teniéndonos a nosotros como primer receptor. 

Para ser un poeta, empezar por pararse y callar. Y ser consciente de que todo nos es regalado. Que no hay lugares que "no sagrados", y sobre todo que tu poema no moleste el silencio del que ha llegado.

Ah, y duda del juicio de cualquier lector al que le gusten tus poemas...



domingo, 26 de julio de 2020

El señor Marbury, de Alfonso Paredes

El señor Marbury - Homo LegensHe llegado hasta esta novela por las muchas y buenas recomendaciones. Algunas definitivas como "te va a encantar, te vas a sentir identificado". Y así ha sido. Imagino que no seré el único, pero eso es mérito del autor. Son una divertida sucesión de apuntes o entradas de un diario de un padre de familia numerosa y abogado. Como si el autor quisiera dejar constancia de esos sucedidos para no olvidarse él de ellos. Mi lectura ha consistido en una sucesión de diversos "¡a ti también!" (situaciones, reacciones matrimoniales,... y autores que cita: Chesterton, Karmelo Iribarren, Miguel D'Ors, Julio Martínez Mesanza (mi poema favorito), Eloy Sánchez Rosillo, Ibañez Langlois...) y de muchos descubrimientos (ese Soroyan lo tengo que leer ya y descubro que tenía desde hace años su novela de "Las aventuras de Wesley Jackson" sin quitar el plástico).



Aquí algunos subrayados míos, para que no se me olviden a mí. No para sustituir su lectura, claro, sino para concitar y animar a ir a la librería a por su ejemplar:

Los Marbury no pueden evitarlo. Lo celebran todo.

***

Peter considera que no acaba de leer todo hasta que Telma escucha algunos párrafos que él selecciona. (...) Así que hay días en los que Peter se pregunta si lee para sí mismo o si lee para tener cosas hermosas que decirle a su esposa.

***

La señora Marbury lee menos que el señor Marbury, pero lee mejor.

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Un café con el que aligerar la tarde y reparar los destrozos del día

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"Lo siento, Peter. Me estoy durmiendo. Cuando llegues, te encontrarás solo los restos del naufragio"

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Es quizá el mayor tesoro de Peter: que en lo más variados meandros de su vida va haciendo amigos. No es mérito suyo, desde luego.

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A veces hacer una foto es eso: detener la marcha, la pausa en mita de un día que quiere correr veloz.

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El técnico, con precisión de relojero y manos de madre

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La sorpresa. Hay que esperarla siempre. Si no lo haces, no la reconocerás cuando llegue. ¡Au revoir!

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-Papá, a tí nunca te hemos visto llorar. (...) -Ya. Eso es verdad: nunca me habéis visto.

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Por Dios, Peter, sonríe cuando rezas. Si estás serio, ¿cómo vas a convencer a Dios?

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Pensó entonces el señor Marbury que no hay mayor premio que tener un hijo que sabe que sus padres tienen ganas de comerse el mundo.

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En rigor, la familia no es nunca un campo de batalla. Es más bien un campo de labranza.

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Pues mira, Peter, yo creo que cada sueño encierra una promesa. Y creo, además, que hay sueños inexplicables, porque muestran una promesa infinita.

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Amar no es brillar, sino arder.

viernes, 24 de julio de 2020

La majestad del rito

Los gestos, las ceremonias, especialmente aquellas que son compartidas y que expresan el dolor y el desconsuelo, exigen en sí la publicidad como ingrediente ineludible. Muestran también el acento, el tono que tenemos como sociedad. La ceremonia cívica en homenaje a las víctimas del coronavirus ha dejado un regusto amargo. Se dispuso como una manifestación pública quizá buscando un mínimo común, pero mediante una creación de nueva planta de una expresión conocida, una ceremonia ex senatusconsulto, una ceremonia por decisión gubernamental. Una serie de símbolos y una disposición que a nadie decían nada, que estaban vacíos de significado. Los muchos «fallos de protocolo» así lo mostraron, al igual que el desconcierto de los asistentes. Algunos de ellos no pudieron remediar querer ser centro de mesa.
Unos círculos concéntricos, un pebetero (palabra que aprendimos en las olimpiadas de Barcelona 92, aquella vez que vivimos algo en común), unas flores blancas depositadas por algunos representantes, no había nombres concretos, quizá un número… tal artificio hace muy difícil la compasión, el padecer con, y lo peor, suscita la sospecha.
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viernes, 6 de septiembre de 2019

Poesía que es consuelo: Carmen Palomo, "Las costuras del hambre"

El verdadero fuego «que nos dieron los dioses» es el lenguaje. Gracias al lenguaje podemos pensar, nuestras experiencias y sentimientos adquieren forma con él, es fuente de confesión, de oración… de poesía. Lo dijo Holderlin: habitamos poéticamente esta tierra.  Me ha sucedido con Las costuras del hambre (Esdrújula Ediciones) de Carmen Palomo Pinel. Su poesía es consuelo, no porque nos endulce una experiencia, sino porque comparte nuestras dudas y nuestros sentimientos. Se trata de un poemario que acompaña, escrito por alguien con un impacto fuerte de realidad, que muestra en sus versos el sentido de su propia conciencia. Su obra ha obtenido el II Premio de Poesía Esdrújula, con un jurado de campanillas compuesto por Ángeles Mora, Raquel Lanseros, Antonio Praena y Joaquín Pérez Azaústre. A Carmen Palomo nos la podemos encontrar a diario en los pasillos de la Facultad de Derecho de la Universidad CEU San Pablo. Allí es profesora de Derecho Romano. Otro dato que me reconcilia. De nuevo, en las solapas de los libros, encontramos a autores que «son de Derecho», de esa carrera que amuebla tan bien la cabeza.
En sus versos comprendemos diversas experiencias. De un golpe nos llegan su belleza y verdad. Podríamos decir que tiene una línea clara conjugada con una gran delicadeza en el uso del lenguaje, cuando inventa palabras compuestas (veterosueñas, o las velas nunca-encendidas-del-todo) o bien cuando juega con la tipografía (Avanzamos más deprisa más rápido más rápido / ma´s rp´aido). Y hablaba de experiencias porque la poetisa las muestra y logra entonces trascender ese yo para universalizar esa mirada. De las muchas ocasiones en que he exclamado «¡Y tú también!» leyendo a Palomo, la pregunta de si hay algo que perdura en el tiempo es la que más veces he encontrado. En «Mi hijo más pequeño no comprende la muerte», encontramos a una madre perpleja: «Me dice cada vez que piensa en ella / mamá, el sol se hará muy grande, se tragará la Tierra / y solo eso es la muerte para él. / No los abuelos, no mi pecho en sequía». Después en su poema VI leemos: «Cuánto ¿inútil? Esfuerzo / para llenar de cuerpo y de presencia / este instante al que nunca volveremos» y en «Aproximación al miedo», «¿has visto lo que queda / de lo que queda / de la vida?». Para concluir en el poema XX, tomando prestada esa pregunta de Eric Clapton de «Will you know my name / if I saw you in heaven / Porque al final de todo / solo importa que estemos / y nos reconozcamos».

lunes, 2 de septiembre de 2019

La estación boba

«La estación boba», así definía la prensa inglesa de principios del siglo XX a las vacaciones. Un por entonces joven periodista, GK Chesterton, no salía de su asombro. En un artículo publicado en octubre de 1905 en el Illustrated London News (recientemente traducido al español en un estupendo compendio de artículos publicado por Ediciones Encuentro: El fin de una época), afirmaba por el contrario que se trata de la única época del año en la que hay tiempo para la sabiduría: «por primera vez tenemos un momento para pensar, ese tiempo de reflexión que tienen los campesinos y los bárbaros, un momento en el que se escribieron La Ilíada y el Libro de Job».

martes, 8 de enero de 2019

Él resulta el único crítico atendible

Un encuentro inesperado en la capilla del hospital. Apenas nos conocemos de cruzarnos saludos en el portal y en el barrio. Sí, desde el accidente de tu chico me he parado a preguntarte alguna vez. Hasta vernos en otro contexto del cotidiano. En la capilla del hospital. Me cuentas que vienes casi a diario por las sesiones de rehabilitación del chico, «¿sabes? Y aquí, en la capilla, paso mucho tiempo. Ya sabes que no soy mucho de Misa, pero vengo y le hablo. Unas veces me enfado: “¿Pero cómo permitiste que le pasara?”, y al momento le doy las gracias porque le salvó de las garras de la muerte. Yo no sé rezar, pero hoy he traído una vela porque me acabo de enterar de que a un chico de la misma edad le ha pasado lo mismo y ahora está en coma. ¿Tienes un mechero?».

Apenas balbuceo que no, que no fumo, pero seguro que en la capilla habrá alguno. Profundamente conmovido pienso cuánto tiempo hace que no le he hablado yo al Señor de esa manera. Qué forma más maravillosa de tratar de amistad con quien bien nos quiere. Piso terreno sagrado.

Así nos advierte la profesora Guadalupe Arbona en el prólogo de Diario de oración (Ediciones Encuentro) de Flannery O’Connor. Una invitación a asomarnos al vértigo de una oración. No vayamos con el bisturí a diseccionar y dejémonos sorprender.

Porque estamos ante una escritora fuera de lo común. De ella contaba el crítico Pietro Citati que «cada día se retiraba a su habitación, cerrada con llave, donde hacía muecas dando vueltas con los puños cerrados para poner fuera de combate a su Ángel Custodio».

La invitación se convierte en tentadora y aún más cuando O’Connor pertenece a esa estirpe de artistas que crean porque «Él resulta el único crítico atendible», y como dijo Jiménez Lozano en una época como la nuestra de pobreza en historias memorables, ella resulta una excepción, y lo hace desde su fe, con un plus de realismo y de esperanza. En su Diario de oración nos deja pistas extraordinarias, como cuando nos confiesa que ha comenzado «una nueva fase en mi vida espiritual: me fío»; o que el único de los cuatro aspectos de la oración en el que es competente es la súplica; o cuando nos avisa del peligro de que el hombre tome su propio límite como medida en la relación consigo mismo: «Si dejas de reconocer el pecado, o si se lo quitas al demonio como demonio y se lo das al demonio como psicólogo, también quitas a Dios».

Descalcémonos, que pisamos terreno sagrado.

Publicado en Alfa y Omega

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Algunos aforismos Chestertonianos (extraídos de "Anécdotas de Londres y Nueva York"

Aforismos de G.K. Chesterton

A las personas inteligentes no les gusta nada lo que no tiene significado.

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Llevar monóculo es como ser tuerto. Va en contra de todos los principios permanentes del equilibrio y de la dignidad de la forma humana.

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La puerta tiene un gesto magnífico en el que todo es cortesía. "Esto es mío, pero también es tuyo".

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Una gran parte de la edad moderna conoce, o afirma conocer, mucho más sobre cupido que sobre psyque.

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Han aprendido la expresión "complejo de inferioridad" para designar lo que los cristianos llaman desde siempre "modestia" y los caballeros, buenos modales.

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Puedo decir de verdad que nunca me he aburrido.

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El fruto más importante de la educación es la imaginación.

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Las personas aburridas necesitan emociones constantemente.

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Si se entendiera el concepto de la vida interior se podría recuperar la cordura de la civilización y especialmente, la poesía del hogar.

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La tibieza en la idolatría siempre es un problema porque, aunque los dioses sean de latón, los corazones son oro.

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Siento mucho más respeto por un imperio que se extiende mediante la lucha que por un imperio que se extiende por las finanzas.

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Algo tan espeluznantemente inhumano como la dictadura del proletariado: hombres que se convirtieron en tiranos mientras seguían siendo esclavos.

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Es mejor ser romántico respecto a algo real como la tierra que ser realista respecto a algo irreal como la teoría económica de la historia.

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La gente no lee a Dickens. No tiene tiempo para leerlo porque dedican su tiempo a perderlo con cosas que no quieren leer de verdad.

martes, 30 de octubre de 2018

Vita contemplativa

La revitalización de la vita contemplativa. Aún resuenan esas palabras que se pueden leer en la introducción de El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, de Byung-Chul Han. Para este autor, la sensación de vértigo, la experiencia de aceleración que tenemos hoy en día, viene en realidad de la percepción de que el tempo da tumbos sin rumbo alguno. El vínculo de esta crisis está claramente ubicado en el empeño de definir al hombre absolutizando una de sus dimensiones, casi siempre, el trabajo. Por eso las palabras del autor coreano suenan nuevas, aunque ya las hayamos escuchado antes: «La crisis temporal solo se superará en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno».

Los museos son un buen campo de pruebas de esa capacidad de contemplación. Recuerdo esa división que hacía un profesor para clasificar a los visitantes de un museo. Así estaban los peces, surcando todo el recorrido, pero que, como aquella adorable Dory de la película Nemo, olvidan a los pocos segundos lo visto. Existen también los saltamontes, que no observan ningún tipo de itinerario, y van saltando de cuadro en cuadro, sin importar etapas ni relaciones, solo movidos por un impulso súbito. Similar estrategia parecen tener aquellos que son como mariposas, pero la diferencia con aquellos está en que en ocasiones se posarán largos periodos de tiempo en alguna de sus estaciones.

Si tuviera que concretar en un museo, no dudaría en quedarme con el Museo del Prado. «La mejor pinacoteca del mundo», nos han repetido hasta la saciedad, pero esa afirmación siempre caía como una losa, y los madrileños somos muy dados a decir eso de que «bueno, como está aquí, ya iremos un día». Y así pasan los años.

En estas acude en nuestra ayuda Cuaderno del Prado. Dibujos, notas y apuntes de una ilustradora en el museo, de Ximena Maier (Nido de ratones). Una genial edición de un año de visitas al museo. Nos encontramos con una colección de dibujos a tinta y aguadas, con secciones y capítulos geniales: los listados ilustrados de una colección de cabezas cortadas, pájaros, o manos; «Cuadros a los que tengo manía»; «Cuadros que si no fuera porque están en el Prado… pensaría una que vaya tela»; o «Los más guapos del museo». Ojalá alguien me preguntara: ¿con qué famoso irías a visitar el Prado? para poder responder: Ximena Maier, que me invitó a contemplar de forma sorprendente.

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lunes, 15 de octubre de 2018

El chacal y el signo

Me permito en este blog dar otra vuelta más a Historia de dos ciudades.
La comparación entre Doug Stamper de House of cards y Sidney Carton de la novela de Dickens cada vez me parece menos azarosa.
Los dos responden a la descripción que hace Dickens de un "chacal". El que hace el trabajo sucio a un superior, dedicado a la cosa pública: ya sea un político en el caso de la serie televisiva, ya sea un importante abogado, en la novela.
Los dos tienen un problema con el alcohol, tratado eso sí de distinta manera. Mientras que en House of cards la mirada es puritanilla y melindrosa, en Historia de dos ciudades tiene hasta humor.
Los dos tienen talento, desde luego. Podemos entender que en ambos casos tenían una prometedora carrera de jóvenes. En algún momento metieron la pata, y ahí se truncó todo, sobre todo por una especie de pacto mefistofélico que imaginamos no tuvieron otra que aceptar. Los dos llegan a diario a su casa y se derrumban,
Incluso los dos llegan a dar la vida por otro. Pero este acto de suprema caridad no es igual de ninguna manera. Sí, los dos vislumbran algo parecido a un signo, una provocación inaudita de la realidad, pero Stamper lo reduce drásticamente a mera apariencia y si acaso, sentimiento. Quizá le falta esa Lucile que desafía con preguntas a Sidney cuando este le confiesa su admiración. Le ayuda a ir hasta el fondo de lo que ha visto y experimentado.

***

Qué alegría que recordé que Julio Martínez Mesanza había publicado en su blog un poema inspirado en Historia de dos ciudades con el mismo título. En los comentarios así lo afirma, que se acuerda de Sidney...

En la ciudad del norte hay un hilo de oro
que ilumina los días de los hombres felices,
no mis días sombríos ni mis noches eternas.
En la ciudad del norte hay un patio pequeño
donde la luz y el orden, el amor y la dicha,
tejen con cada hilo una aurora de oro.
En la ciudad del sur hay un río de sangre
y una lenta carreta en la que va mi alma
con su carga sombría de interminables noches.
En la ciudad del sur hay una plaza inmensa,
la plaza del perdón, la plaza de la culpa,
y de su puro centro brota un río de sangre.

(c. 1993)

viernes, 14 de septiembre de 2018

Historia de dos ciudades: les daré un corazón capaz de conocerme


Resultado de imagen de historia de dos ciudadesChesterton y Doug Stamper. Animado por G.K. Chesterton que dijo eso de que “la gente no lee a Dickens, no tienen tiempo para leerlo porque dedican su tiempo a perderlo con cosas que no quieren leer de verdad”, y por las citas que aparecen en la sugerente House of Cards junto a ese enigmático personaje que es Doug Stamper, este verano tuve tiempo para Historia de dos ciudades


El primer párrafo. EL PÁRRAFO. “Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos, era el siglo de la locura, era el siglo de la razón, era la edad de la fe, era la edad de la incredulidad, era la época de la luz, era la época de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo, no teníamos nada, íbamos directos al Cielo, íbamos de cabeza al Infierno”. Qué buen resumen para este verano. Qué buen resumen para toda época, para cualquier momento de la vida, de la vida frágil.

El humor de Dickens. Una muestra: "... el amigo inseparable del señor Stryver, y con lo que bebían juntos desde el día de San Hilario hasta el día de San Miguel se habría podido poner a flote un navío de tres puentes".

La comunidad del anillo. Qué gran comunidad del anillo forman en el libro todo el grupo de personajes principales. Preciosa forma de ir asistiendo a la forja de una amistad: Darnay, Lucie (a la que podríamos llamar desde ya Beatriz), el doctor Mannette, el señor Lorry, Sidney Carton (al que podríamos llamar Kolbe...), Jerry, la señorita Pross, y si me apuras, Stryver e incluso el mesonero Defargue.

Signo y misterio. La clave del libro, en mi opinión. Un buen resumen serían esas palabras del libro de Jeremias: "les daré un corazón capaz de conocerme; sabrán que yo soy el Señor". En Historia de dos ciudades asistimos a una sucesión de momentos en los que signo y misterio coinciden, donde los personajes caen de rodillas. Por eso creo que Lucie es Beatriz (y es que la obra está llena de guiños a Dante).

How to be a poet (Wendell Berry)

 A Wendell Berry llegué gracias a un comentario en una comida de profesores de mi universidad con el obispo de Granada, don Javier Martínez....