miércoles, 24 de julio de 2013

La escala Rushton, o cómo hablar de mujeres entre amigos

Así debía ser Elena de Troya.
Esto lo tengo muy hablado yo con Ella,
y los dos estamos de acuerdo
La conversación sobre la belleza de las mujeres es un lugar común en toda reunión de varones. Y la línea entre la ordinariez y el asombro ante la creación es muy delgada.
Robertson Davies en Ángeles rebeldes (una de mis novelas favoritas), describe una conversación de este calibre entre profesores universitarios. Se describe la escala Rushton, que tiene como medida a Elena de Troya. Así Elena, la mujer que lanza mil naves a la mar, se convierte en unidad de medida. Por tanto, una mujer que lance sólo una, será una milielena.

- Es despampanante ¿verdad? - Dijo Urky a Arthur, pero sin perder de vista a Hollier-. Dígame, por pura curiosidad, ¿en qué lugar de la escala Rushton la situaría?
Nos quedamos todos con cara de pasmo.
- La conocerá, sin duda, ¿no? ¡La que ideó W.A.H. Rushton, el gran matemático de Cambridge! Bueno, consiste en lo siguiente: se reconoce a Elena de Troya como el absoluto de la belleza femenina y sabemos, basándonos en la autoridad de un poeta, que su rostro lanzó mil naves a la mar. Es evidente que "rostro" implica a la mujer completa. Así pues, llamemos Elena al rostro que lanza mil naves a la mar, pero, ¿qué es el rostro que sólo lanza una? Evidentemente, un milielena. Entre esos dos rostros, tiene que haber una escala para todos los demás que aspiren a la belleza en la medida que sea. Garbo, pongamos por caso: 750 milielenas, probablemente, porque, a pesar de la exquisitez del rostro, es ceceña de figura y tiene los piesa grandes. Sin embargo, María me ha parecido una maravilla en todos los aspectos que he tenido el placer de observarla, y está claro que no se viste para esconder defectos. Así pues, ¿qué decimos? Por mi parte, daría a María 850 milielenas. ¿Alguien da más? ¿qué dice usted Arthur?
- Yo diría que es amiga mía y que no tengo por costumbre poner nota a mis amistades- Dijo Arthur.
-¡oh Arthur, qué insulso! No hay que pisotear el nombre de las señoras, ¿eh?
- Llámelo como guste - dijo Arthur-. Sencillamente me parece que hay una diferencia entre una estatua y una mujer a la que conozco personalmente.
- ¡Y vive la différence!- exclamó Urky. 

Evidentemente, Arthur, está perdidamente enamorado de Maria, y no dudaría en decir que su belleza es de 1 Elena en la escala Rushton.