martes, 8 de enero de 2019

Él resulta el único crítico atendible

Un encuentro inesperado en la capilla del hospital. Apenas nos conocemos de cruzarnos saludos en el portal y en el barrio. Sí, desde el accidente de tu chico me he parado a preguntarte alguna vez. Hasta vernos en otro contexto del cotidiano. En la capilla del hospital. Me cuentas que vienes casi a diario por las sesiones de rehabilitación del chico, «¿sabes? Y aquí, en la capilla, paso mucho tiempo. Ya sabes que no soy mucho de Misa, pero vengo y le hablo. Unas veces me enfado: “¿Pero cómo permitiste que le pasara?”, y al momento le doy las gracias porque le salvó de las garras de la muerte. Yo no sé rezar, pero hoy he traído una vela porque me acabo de enterar de que a un chico de la misma edad le ha pasado lo mismo y ahora está en coma. ¿Tienes un mechero?».

Apenas balbuceo que no, que no fumo, pero seguro que en la capilla habrá alguno. Profundamente conmovido pienso cuánto tiempo hace que no le he hablado yo al Señor de esa manera. Qué forma más maravillosa de tratar de amistad con quien bien nos quiere. Piso terreno sagrado.

Así nos advierte la profesora Guadalupe Arbona en el prólogo de Diario de oración (Ediciones Encuentro) de Flannery O’Connor. Una invitación a asomarnos al vértigo de una oración. No vayamos con el bisturí a diseccionar y dejémonos sorprender.

Porque estamos ante una escritora fuera de lo común. De ella contaba el crítico Pietro Citati que «cada día se retiraba a su habitación, cerrada con llave, donde hacía muecas dando vueltas con los puños cerrados para poner fuera de combate a su Ángel Custodio».

La invitación se convierte en tentadora y aún más cuando O’Connor pertenece a esa estirpe de artistas que crean porque «Él resulta el único crítico atendible», y como dijo Jiménez Lozano en una época como la nuestra de pobreza en historias memorables, ella resulta una excepción, y lo hace desde su fe, con un plus de realismo y de esperanza. En su Diario de oración nos deja pistas extraordinarias, como cuando nos confiesa que ha comenzado «una nueva fase en mi vida espiritual: me fío»; o que el único de los cuatro aspectos de la oración en el que es competente es la súplica; o cuando nos avisa del peligro de que el hombre tome su propio límite como medida en la relación consigo mismo: «Si dejas de reconocer el pecado, o si se lo quitas al demonio como demonio y se lo das al demonio como psicólogo, también quitas a Dios».

Descalcémonos, que pisamos terreno sagrado.

Publicado en Alfa y Omega

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Él resulta el único crítico atendible

Un encuentro inesperado en la capilla del hospital. Apenas nos conocemos de cruzarnos saludos en el portal y en el barrio. Sí, desde el ac...