domingo, 19 de diciembre de 2010

Consuelo de tontos

Sí, mal de muchos consuelo de tontos (o de demócratas que dice una gran amiga con mucha sorna). Yo que me jacto de ser expeditivo y rápido en el trabajo, soy el rey de la pifias. Tengo varias que no sé si contarlas aquí, porque al iniciar este blog se me olvidó poner un pseudónimo (habría elegido Charles Ryder), y porque son bastante recientes (prometo que cuando caduquen los "delitos" aqui los contaré).
Leo que en Amazon se puede encontrar un autor que responde al nombre de "JJJJ", tiene una obra titulada "Hgiyiyi". ¡Qué gusto! Desde aquí agradezco el detalle. Y lo mejor es que es verdad.

viernes, 17 de diciembre de 2010

E-Christmas

Es que lo "e-" es imparable
El número de christmas que he recibido (y también el que he enviado yo) ha sufrido una disminución importante (Esto podría ser un buen titular). Ahora, parapetados detrás de la crisis económica y de la fascinación de lo nuevo, tenemos los christmas 2.0 (que dirían los cursis).
Pero acabo de recibir uno de la delegación de juventud de la diócesis de Getafe, hecho con grandísimo gusto. Y como está tan bien, aquí lo publico, y lo comparto con los amigos que me leen. Además, convalida como christmas enviado a tí, lector amigo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

"Juliet, desnuda" de Hornby ¿inspirada en Dylan?

Acabo de leer Juliet, desnuda, la última novela de Nick Hornby (Editorial Anagrama), escritor inglés y amante de la música (cosa que deja claro en todas sus novelas). En concreto esta consiste en la historia de una pareja. Duncan y Annie, cerca de la cuarentena e instalados en una relación cómoda, en la que apenas se han preguntado por el sentido de la misma. Él es un fan de Tucker Crowe, un cantautor norteamericano retirado hace años, sobre el que escribe un blog. El caso es que el tal Crowe después de leer la participación de Annie en la web de su marido, contacta con ella y acaban entablando una relación.

He de decir que en mi opinión es una buena novela (no la mejor de Hornby que sin duda opino que es Un gran chico), pero lo que sí es la más triste de Hornby, más incluso que En picado
Tan triste, que me voy a pensar en recomendarla o no

viernes, 3 de diciembre de 2010

Voto nupcial

Ahora que algunos amigos queridos tienen boda a la vista, me acuerdo de la mía, y leyendo a Dulce María Loynaz, pienso que en mis votos nupciales podría haber dicho eso de ¡Y madrugada en la ventana abierta!


“Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz y sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca. Y gris, y verde y rubia,

y morena…

Quiéreme día,

quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… O no me quieras!”

jueves, 25 de noviembre de 2010

Momentos irrepetibles

Lo decía José Hierro
Todo momento, bueno o malo, es irrepetible, y por lo tanto aquello que estaba yo viviendo , un día lo añoraría por duro que fuera. En todo caso, yo sabía que eso era irrepetible.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Te leerías un libro sólo por el título?

Sí, aunque el autor o las referencias no sean las mejores...
Me ha pasado últimamente con:
- Egosurfing de Llucia Ramis
- A paso de cangrejo de Umberto Eco

viernes, 12 de noviembre de 2010

Por qué me ha gustado "El hombre de arena" de Aquilino Cayuela


El profesor Aquilino Cayuela tiene una prolífica bibliografía dedicada a la Ética y Moral, ámbito dónde es sobradamente conocido, con ensayos como ¿Providencia o Destino? (Erasmus, Barcelona, 2008), Path-Ética. Paradoja del humano existir (Marova, Madrid, 2007. Premio Nacional “Ángel Herrera” 2008 a la mejor labor de Investigación en Humanidades ), o Vulnerables. Pensar la fragilidad humana (Encuentro, Madrid, 2005). Pero además de impartir su docencia en la Universidad CEU Cardenal Herrera Oria, donde es además Vicedecano de la Facultad de Derecho, Empresa y Ciencias Políticas y Director del Departamento de Ciencia Política, Ética y Sociología, saca tiempo para hacer incursiones muy interesantes en el terreno de la ficción.

Muestra de ello es El hombre de arena, apasionante novela de suspense ambientada en el tumultuoso y desconcertante verano de 1936 en Valencia, donde un inspector de policía persigue descubrir a un misterioso asesino, mientras el país se desmorona.

Narrada con un estilo ágil y totalmente original (la narración tiene la forma de unas actas de un proceso judicial realizado tres años después de los hechos), deudora de nuestro patrimonio literario clásico de la picaresca y de la novela de posguerra, y rigurosa con la ambientación histórica y la documentación, Cayuela nos ofrece una historia palpitante que exige al lector no soltar la novela hasta descubrir el final.
Consigue además empatizar con los protagonistas, con el pícaro Mellado, el detective "Topolín" (detective que utiliza el método inductivo, en vez del clásico deductivo), Salo, o el batallón del anarquista Manolón.
Pienso además que es una novela interesantísima desde el punto de vista, si se me permite, teológico, recordando que en momentos de extrema gravedad como lo fue la Guerra Civil, en la que el mal inundaba todo, incluso ahí, Dios en su infinita bondad puede sacar el bien.

En 2008, se le concedió por esta novela el Premio Internacional Ciudad de Valencia “Vicente Blasco Ibáñez” de Narrativa en Castellano.
Además, ¡qué narices!, conozco al autor, es un tipo estupendo, y lo mejor de todo es que he podido leer la novela y comentarla con él, ¡todo un lujo!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Amistad a lo largo (Jaime Gil de Biedma)

Mirad:somos nosotros.
Un Destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz y de la seña
(N. del autor de este blog: Y tú me pides que ponga "Destino" con mayúscula)

sábado, 30 de octubre de 2010

Oración de la maestra

Gabriela Mistral

Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el
nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.
Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la
belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto.
Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la
mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren.
No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de los
que enseñe.Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender
como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance
a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella
clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labiosno canten más.
Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie
a la batalla de cada día y de cada hora por él.Pon en mi escuela democrática
el resplandor que se cernía sobre
tu corro de niños descalzos.Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento
de mujer, y de mujer pobre;
hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda
presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

martes, 19 de octubre de 2010

Misa de Requiem de Verdi: "el anhelo hacia Dios está inscrito en el corazón del ser humano"

Ultimamente Benedicto XVI se está revelando como un excelente comentarista musical.
El pasado 16 de octubre se celebró un concierto en su honor en el que se interpretó la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi, dirigida por Enoch zu Guttenberg e interpretada por el Coro de Neubeuern, por la orquesta KlangVerwaltung y por otros solistas.
Además del comentario musical, que es como una clase magistral de un gran maestro, me quedo con lo (aún a riesgo de ser redundante) paternal que es este Papa. Tiene palabras de agradecimiento (y llega a ser insistente) para todos, intérpretes, directores, asistentes...
Sólo he encontrado algunos vídeos de Youtube con extractos de la misa. En breve pondré un enlace a una buena interpretación.

Señores cardenales,
Venerados hermanos,
ilustres señores y señoras
Al término de una audición tan intensa, el ánimo querría permanecer en recogimiento, pero al mismo tiempo, siente la necesidad de manifestar su reconocimiento.
Deseo dirigir mi cordial agradecimiento al maestro Enoch zu Guttenberg, por las sentidas palabras que me ha dirigido y por haber querido ofrecerme este concierto, junto con la esplçendida Orquesta Die KlangVerwaltung, con la Chorgemeinschaft Neubeuern y con la Familie der Freiherren von und zu Guttenberg. A él, que ha dirigido la ejecución, a los solistas, a cada uno de los miembros de la orquesta y del coro va mi grato aprecio. ¡Gracias de corazón!
Estoy contento de saludar a los señores cardenales, a los prelados, especialmente a los Padres sinodales, las distinguidas Autoridades, y a todos vosotros – entre los cuales, los pobres asistidos por la Cártiras diocesana de Roma – que habéis podido gozar de esta excelente ejecución de la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi. Él la compuso en 1873, por la muerte de Alessandro Manzoni, a quien admiraba y casi veneraba. En una carta se pregunta: “¿Qué podría deciros de Manzoni? ¿Cómo explicaros la sensación dulcísima, indefinible, nueva, producida en mi por la presencia de ese Santo, como vos lo llamáis?". En la mente del gran Compositor, esta obra debía ser el culmen y el momento final de su producción musical; no era solo el homenaje al gran escritor, sino también la respuesta a una exigencia artística, interior y espiritual, que la confrontación con la estatura humana y cristiana de Manzoni había suscitado en él.
Giuseppe Verdi consumió su existencia en escrutar el corazón del hombre; en sus obras sacó a la luz el drama de la condición humana: con la música, las historias representadas, los diversos personajes. Su teatro está lleno de infelices, de perseguidos, de víctimas. En muchas páginas de la Misa de Requiem resuena esta visión trágica de los destinos humanos: aquí tocamos la realidad ineluctable de la muerte y la cuestión fundamental del mundo trascendente, y Verdi, libre de los elementos de la escena, representa, sólo con las palabras de la Liturgia católica y con la música, la gama de los sentimientos humanos ante el final de la vida: la angustia del hombre frente a su frágil naturaleza, el sentido de rebelión ante la muerte, el temor en el umbral de la eternidad. Esta música invita a reflexionar sobre las realidades últimas, con todos los estados de ánimo del corazón humano, en una serie de contrastes de formas, tonos, coloridos, en los que se alternan momentos dramáticos con momentos melódicos, marcados por la esperanza.
Giuseppe Verdi, que en una famosa carta al editor Ricordi, se definía “un poco ateo”, escribe esta Misa, que parece como una gran llamada al Padre Eterno, en el intento de superar el grito de desesperación ante la muerte, para volver a encontrar el anhelo de vida que se convierte en oración triste y silenciosa: "Libera me, Domine". El Requiem verdiano se abre, de hecho, con una frase en La menor, que parece casi descender hacia el silencio – pocos compases de los violonchelos, suavísimo, con sordina – y se concluye con la sumisa invocación al Señor "Libera me". Esta catedral musical se revela como descripción del drama espiritual del hombre ante Dios Omnipotente, del hombre que no puede eludir el eterno interrogante sobre su propia existencia.
Tras la Misa de Requiem, Verdi vivirá una especie de segunda “etapa compositiva", que concluirá nuevamente con musica religiosa, los Pezzi Sacri: un signo de su inquietud espiritual, un signo que el anhelo hacia Dios está inscrito en el corazón del ser humano, para que nuestra esperanza descansa en el Señor. Qui Mariam absolvisti, et latronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti, hemos escuchado: “Tu que perdonaste a María (Magdalena) y escuchaste al buen ladrón, también a mi me diste esperanza". El gran fresco musical de esta noche renueva en nosotros la certeza de las palabras de san Agustín: Inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te - Il nostro cuore è inquieto, finché non riposa in te (Confesiones, I, 1).
Queridos amigos, una vez más debemos agradecer al Señor que nos ha dado un momento de verdadera belleza, capaz de elevar nuestro espíritu. ¡Y al mismo tiempo debemos dar las gracias a quienes se han hecho instrumento de la divina Providencia! Gracias una vez más, por tanto, al profesor Enoch zu Guttenberg, a los solistas, a la orquesta y al coro, y a cuantos de diversas formas han colaborado a la realización de esta hermosa velada. Que el Señor dé a todos su recompensa.
¡Gracias y buena velada!

Por qué Ayaan Hirsi Ali se ha convertido

 Artículo de Carl Trueman publicado en El Debate (Traducción de Pablo Velasco) Ayaan Hirsi Ali, ex musulmana y ahora ex atea, ha declarado r...