Maurice Sendak: la importancia, en literatura infantil (y en todo), de no pensar que los niños son idiotas

Me cuentan que la fila para firmar más larga de la Feria del Libro de Madrid la provocó un tal Geronimo Stilton, que es un presonaje imaginado disfrazado de rata. Al autor de la rata y de los libros que protagoniza nadie le conoce.
Mientrasm, me acuerdo de que hace unos días ABC publicaba una bella necrológica (sí, pueden ser bellas) firmada por Andrés Ibañez, sobre el literato infantil Maurice Sendak, conocido por Donde viven los monstruos.
Además de un repaso por sus mejores obras (me muero de ganas por conseguir Bumble-ardy), Ibañez da en la clave del éxito de Sendak: los niños no son tontos, no les vale cualquier cosa con colores vistosos.

Todo el mundo conoce los dibujos de Maurice Sendak, encantadores y al mismo tiempo llenos de expresividad y de fuerza. Sus animales son recios, realistas. Los rotros fijan en nosotros rictus y gestos de rara intensidad. El ritmo virtuoso de su plumilla logra el carácter atemporal de los grabados antiguos.
Maurice Sendak se tomó a los niños en serio. Quiso hablarles también de esas cosas que todos los niños viven y todos los niños temen pero que muchos adultos fingen ignorar. Sus libros no son realmente pesadillas, sino manuales para librarse de pesadillas. Como las óperas de Mozart, que, no por casualidad, era su compositor favorito.

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