Silencio de amor

Phillipe Claudel es un escritor francés (premio Goncourt, por cierto, y en España editado por Salamandra) que además es director y guionista de dos sublimes películas: Hace mucho que te quiero y Silencio de amor.
La primera es una grandísima película, pero de un dramatismo intenso. Y hoy no tengo el cuerpo para eso.
No es el caso de la segunda. Silencio de amor se llama realmente Tous les soleils (todos los soles), pero el distribuidor español ha decidido que la traducción sea Silencio de amor. Esto de cambiarles el título a las películas en España es una práctica habitual, casi folklórica diría, que ha tenido casos como Sonrisas y Lágrimas (The sound of music), o una de Al Pacino que se llamaba Carlito's way y que se transformó en Atrapado por su pasado.
Pero en este caso el cambio de título es idóneo, casi que el autor debería valorar adoptarlo como tal.

En Silencio de amor, Alessandro es un profesor italiano de música barroca que vive en Estrasburgo. Con esta frase ya bastaría para recomendar la película, pero hay más.
El caso es que Alessandro vive con Irina, su hija adolescente de quince años y su hermano que insiste en solicitar el asilo político desde que Berlusconi llegó al poder.
La gran personalidad de Steffano Accorsi (Alessandro) llena la película. Sostiene y se esfuerza en cuidar a su hija y su hermano, disfruta de una preciosa amistad con una simpatica pandilla, en su trabajo es un apasionado que, claro, apasiona a sus almunos, y aún tiene tiempo de participar en una especie de ONG que se dedica a leer novelas y poesías a enfermos de los hospitales, actividad que le procura más amistades muy interesantes.
La clave es que es viudo desde pocos meses después del nacimiento de Irina, y como es normal, recuerda a su mujer, tiene fotos suyas, y durante la película se poner de manifiesto que algún intento de relación sentimental no ha fructificado.
Pero aquí viene el error del distribuidor español de la película, que no estuvo igual de acertado que con lo del título: se empeña en decir en el resumen de la contraportada del dvd que la vida de Alessandro está coja y que estar tan pendiente de su hija y su hermano le impide una vida plena porque no liga, vamos.
Y es que no hace falta insistir, y la película no insiste en que Alessandro se ennovie. Sólo el final abierto permite que el espectador decida, se imagine, haga una lectura creativa.
Insisto  en lo acertado del título porque describe verdaderamente el valor de la película. Se trata de una historia suave, sin alaracas, sin estridencias. Porque el amor verdadero está lleno de silencios. Lo contrario es más propio de comedietas de usar y tirar. En Silencio de amor prima el diálogo. Aún asi Phillipe Claudel, novelista él, no ha descuidado la imagen ni mucho menos:  las localizaciones de la ciudad de Estrasburgo son de una grandísima belleza. Se trata de una película de sentimientos humanos y de propuestas antropológicas. Acompaña mucho la música interpretada por un conjunto de música antigua y las referencias poéticas.
Me alegré tanto de que Boyero y los cursis de cinemanía pusieran a parir esta película, que era una de mis preferidas sin verla.
Silencio de amor es una gran película que, sin moralina, invita a mirar la propia vida con calma.



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