martes, 10 de noviembre de 2009

Dos caminos, dos tipos de música


Estoy en proceso de elaboración de una reseña en condiciones de Daiquiri Blues, de Quique González.

Sin pudor alguno puedo decir que es lo más interesante que he escuchado en los últimos años (excepción hecha de Vilma y los Señores y sus Turbulencias).

Desde la primera escucha te atrapa. Auténtico folk-rock. Letras cuidadas.

Acompaña la edición (por cierto, muy cuidada, así da gusto comprar discos) un dvd que contiene un documental sobre el proceso de grabación en Nashville, el lugar donde yo debería vivir.

El productor, Brad Jones, explica uno de los arreglos propuestos. Se trata de una sección de viento o metales, de un combo clásico de Nueva Orleans.

Cuenta que en la capital sureña hay dos tipos de música de viento. En la primera, una banda acompaña al féretro al cementerio. Con una cadencia lenta, marcando cada paso de la comitiva.

Una vez enterrado, esa misma banda tiene por la noche actuación en la ciudad. Y viene el segundo tipo de música, con el mismo sujeto activo. Esta vez llena de swing y ritmo.

El arreglo propuesto es del primer tipo. Y provoca que suceda uno de los mejores momentos del disco.




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